miércoles, 11 de marzo de 2009

POESIA Y PSICOANALISIS

Canto americano, canto americano, no te dejaré ser más allá de mi. Serás en mi cuerpo, en mi alegría, en el saberme tuyo para siempre, canto americano, canto americano, encuentro en algún tejado de luz, la impiedad de saberme totalmente del mundo. Cuando vuelva a ser los sonidos siempre etéreos del viento, tu esbelta forma encubierta de luz, me mostrará en el funeral de las horas, la triste alegría de no haber muerto sino en otros. Porque tenemos miedo de andar a tientas. Si por delicadeza perdí mi vida, quiero ganar la tuya, yo te doy, dame la mano y vamos ya.
Atrás perdedores, viene el ganador, este siglo conocerá los halagos del triunfador, del verdadero triunfador, uno que se llevará la muerte a la boca y la morderá a traición cada mañana.
Entre las brujas harpías comadronas, esbeltas coronadas empedernidas, buscando el hombre aterrado de sí mismo, como si fuera el hombre oculto de las naves abiertas a la sinrazón de los sentidos abiertos, a los abiertos destinos de una patria inexistente, una madre vieja y un canario muerto en el siglo pasado.
Alcanzaremos sin vueltas el ritmo de la vida, nadie dudará del escalofrío que reinará sobre nosotros, con tantos cambios de humor, de sentimientos, sublime manantial del horror asesinando la ternura. El hombre no puede morir definitivamente.
 
Enviado por Miguel Oscar Menassa
 

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