martes, 12 de enero de 2010

La vida del poeta

III

Hay días,
me vienen unas ganas universales,
ubérrimas,
de conversar un rato como antaño,
sin tiempo para el adiós.

Esas tardes donde uno podía sentir
y, eso, era la vida.

Y las corridas entre las palabras y las lágrimas
y alguna frase última llena de esperanzas,
porque era necesario seguir viviendo,
hasta la próxima.

Luego, otra vez la calle
y el pequeño sol abriéndose en los ojos
y una palabra y una palabra más,
porque nunca había tiempo para la última palabra.

EXTRAÑO,
LA PALABRA ES UN DON.

Entre las palabras,
la vida era dulce en mi ciudad.
AHORA SOY EL POETA DE LA NOCHE:
Una mano de oscuridad sobre el mundo
Una grieta en la risa de los miserables,
nudo solitario en la garganta de la moral,
pequeño tajo, siempre sangrante, en plena razón.
AHORA SOY EL POETA DE LA NOCHE:
uno que no se cansa de resucitar,
uno que de la incapacidad hizo un vértigo,
de un error, un imperio.

Lo que me pasa ahora es todo lo que soñé.
En verdad, para la luz,
he muerto hace años.

Del libro: "La patria del poeta"
Miguel Oscar Menassa

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