domingo, 30 de agosto de 2009
Cuadrilátero
ella reclama. Y puede que tenga algo de razón.
Le digo que el amor no es algo que quepa dentro
de una lata. Ella se para y me escruta. Las cajas de
recuerdos no son más que proyectos de ataúdes.
Hugo Izarra
jueves, 27 de agosto de 2009
UNA PRUEBA DE AMOR
No bastaron la alegría y el canto que reinaba en mis palabras
una prueba pedías de mi amor,
y al momento me sentí arrojada de vos,
expulsada al borde de la tierra
mirando un desnudo espacio sin atmósfera,
sin gravedad, una incipiente conciencia de la nada,
sin brillos estelares, sin colores, sólo el espacio
con la atracción de volver mi cabeza en cada giro frente a
esos desprendimientos de imperfectas circunstancias
que llenaron mi cabeza de mariposas ansiosas que chocaban las alas.
¿Será el dolor el precio?,
¿la prueba consagrada?,
y bajabas el martillo con un golpe de gracia cada vez
para ser mi ejecutor amado.
Yo perdía mi perfume entre las objeciones de una moral
que me impedía pensar con la astucia necesaria para convencerte.
¿Y qué prueba?
si era lo mismo yo o vos, cualquiera,
cualquiera de los dos, el otro
el que se queda en el lugar, el que no desaparece,
el misterioso que nos contempla cada vez
cuando los cuerpos se transforman
en extensiones con naturaleza de pradera,
en el frescor de pastos
dispuestos a recibir el rocío de cada madrugada
sin desafiar al elefante blanco con los hechos,
sin pruebas que rendir,
sólo señales, giros, notas, alguna canción desesperada,
algún rum –rum, algún te quiero tanto.
Pero pruebas no hay,
sólo el remo hundiéndose en el agua
marcando una fuerza de existir,
espejos reflejando nuestro cielo,
la ofrenda continua de nuestros ojos
encontrándose de pronto
en el brillo de algunas horas compartidas.
Norma Menassa
miércoles, 26 de agosto de 2009
El don de la ternura

Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
surcando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Observamos un rato la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en el hogar,
me pediste que regulara
el tiro de la chimenea.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero
por razones que desconozco
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé esa tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que carreteaba
lentamente bajo una lluvia de granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
No vimos a una sola persona.
“Es como si todo estuviera de luto,”
fue tu comentario.
Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te cubrí el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron de la Argentina
a un departamento en el que pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
pero el departamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La heladera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por la luz interior
hasta el botellón con agua refrescante.
En el baño un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavatorio.
Todas las mañanas mientras me afeitaba
calentaba agua en una vieja sartén,
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.
Un mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente disqué el número
de Jim Houston que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él ya no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
“Está bien”, le dije. “Te entiendo.”
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.
Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me comentás que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. “Yo también.”
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura la que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.
Raymond Carver
QUE LOS RUIDOS TE PERFOREN LOS DIENTES...

Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a posternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
Oliverio Girondo
lunes, 24 de agosto de 2009
Oda a la ciudad
ODA A
Un cielo abierto que se torna difícil,
interrumpido por torres de cemento y espacios que se abren en todas direcciones
para que el hombre que piensa no apoye su cabeza.
Muy cerca del silencio,
ritmos acompasados por relojes de pared que gritan sobre el asfalto
otros tiempos pasados, otras historias de hombres que ya fueron.
Algunos quedaron en el bronce de aquellas calles sin cordura, esquinas, plazas
trayendo en el siempre vivo del bronce a poetas ennoblecidos, algún célebre olvidado, algún patriota enmohecido.
A veces me obligas a leer paredes que lucen una placa: Aquí vivió su profética vida, Aquí murió sin gestos de ternura,
Aquí la mano no llegó a su alcance y ni firma ni papel quedaron en la historia.
Alguna canción inolvidable saliendo de las casas, me enseña que las horas van tomando otras costumbres, que son tal vez reencarnaciones del falo y sus secretos,
y queda flotando un tango sin camino, en la copa de un árbol
sosteniendo el día que ahora es mío en el largo error por el que ando.
Ir y venir en la noche sin sueño hasta llegar al borde de algo
Y las calles se extienden hasta el agua de un río, un río de ciudad cantado en salmos
Un agua que nadie detendrá, un temblor nocturno de violencias calladas
Y la mano se apoya delicada sobre el corazón al entrar en la cortada,
la calle del cuchillo sublimada,
La impenitente tierra firme de las sombras,
Donde el varón pierde su equilibrio y cae enamorado en unos brazos.
Un vaso compartido a medianoche,
una elocuencia desmañada, un saber de la vida vuelto humo en cafetines que hacen caer las lágrimas.
Respuestas puras saliendo de esas bocas liberadas de dioses
donde cabalgan sueños.
En un paisaje viviente paso apretando mis muslos para no perder el paso,
y las hojas otoñales crean remolinos y formas demenciales a mis pies y la ciudad me vuelca, me vacía, y distrae mi frío,
suave cristal partido de noches entornadas.
A lo lejos y siempre está lo lejos,
alguna historia mal parida, alguna razón que no sabe de palabras,
Y echo a andar pero te miento, no estoy en ti, estoy sobrevolando
en este airado hogar, donde acontece la niebla matutina,
el canto postergado de algún gallo,
La paloma avanzando en las cornisas
El gorrión que extraña a su gorriona
El latido con pausas del semáforo.
Y esta antigua amistad tallada entre la ira y el escándalo
rociada siempre de voces increíbles, creando juegos para tocarte el alma
parados en el sol del mediodía, entrelazando brazos, corriendo por las risas,
asegurando rostros conocidos, algún encuentro hablado en el idioma de la carne,
la guardia baja para engañar al enemigo, y el salto del caballo ganando la partida
sacando chispas de otros tiempos, el hierro derritiéndose en la fragua,
los silbos convertidos en palabras, no importa el lecho
porque cuando todo calla, te encuentro en medio del cemento y de la piedra
¡Oh... valle convertido en cúpulas al aire, corriendo como corren los tiempos del progreso,
reinventando los fuegos, extendiendo los márgenes
volviendo de las sombras día a día, confabulando hazañas,
desastres y bajas naderías, políticas del hambre fracasadas,
motivos de algún plan inexcusables.
Me llevas a intentarlo una vez más,
todo vuelve a empezar,
estoy en tus comienzos,
Donde se apoya la cabeza del hombre que piensa
Muy cerca del silencio, te camino.
viernes, 21 de agosto de 2009
Uno de Girondo
Aquí estoy,
¡Azotadme!
Merezco que me azoten.
No lamí la rompiente,
la sombra de la vacas,
las espinas,
la lluvia;
con fervor,
durante años;
descalzo,
estremecido,
absorto,
iluminado.
No me postré ante el barro,
ante el misterio intacto
del polen,
de la calma,
del gusano,
del pasto;
por timidez,
por miedo,
por pudor,
por cansancio.
No adoré los pesebres,
las ventanas heridas,
los ojos de los burros,
los manzanos,
el alba;
sin restricción,
de hinojos,
entregado,
desnudo,
con los poros erectos,
con los brazos al viento,
delirante,
sombrío;
en comunión de espanto,
de humildad,
de ignorancia,
como hubiera deseado...
¡como hubiera deseado!
de Persuación de los días
miércoles, 19 de agosto de 2009
1964

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
lunes, 17 de agosto de 2009
Leyendo al www.indiogris.com

INDIO GRIS Nº 426
AÑO X
Del libro AFORISMOS Y DECIRES [1958-2008]
835_ Todo tiene que ser revisado, mis argucias también.
836_ Carezco del sentido de la propiedad y, también, carezco del sentido de la falta de propiedad.
837_ Despegar, no tener a qué ni a quién recurrir, mejora las relaciones con el mundo.
838_ La mujer prefiere a un hombre sobre otro, en todos los casos, aun en ausencia de hombres.
839_ Aunque se me rompa el corazón, lo debo hacer, debo cambiar mi corazón.
840_ Como siempre, el que lo puede todo no puede nada.
841_ Quisiera encerrarme en una habitación a escribir tres o cuatro años, espero no hacerme encarcelar para cumplir semejante deseo.
842_ Si soy un poeta, algo habré de decir, algún día, que hiera la sensibilidad de los poderosos.
843_ Hoy, también, se festeja el día internacional del trabajo.
Días para recordar todo lo que no se pudo.
Esos días que los muertos vienen en tropel, a preguntar por qué se los recuerda.
Lágrimas para llorar lo que nunca se tuvo.
Quieta paloma herida, sosiego entrecortado por la verdad, paz, con las alas rotas.
844_ Una buena cosecha no habla todavía de la verdadera fertilidad de la tierra.
jueves, 13 de agosto de 2009
Nuestros libros

El Psicoanálisis marca una ruptura en la historia del pensamiento ya que demuestra que junto al pensamiento consciente existe otro modo del pensamiento que es el pensamiento inconsciente. A la luz de este descubrimiento es que la sexualidad toma su lugar en la vida humana.
El primer prejuicio que tuvo que romper Freud al respecto fue el de la sexualidad como propia de los adultos y dependiente del tiempo de la procreación afirmando que la sexualidad es lo humano por excelencia y que gozan de ella todas las edades. Relacionada con la constitución del psiquismo acompaña la vida humana desde los primeros tiempos del crecimiento, hasta su muerte.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Leyendo a Oliverio Girondo
¿DONDE?
¡Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.
Me he perdido.
(enviado por Lucía Serrano)
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Leyendo Las Siete conferencias en La Habana

Algo del ser que ya no fue, sino representado.
No soy el humo que parte de la llama y se disipa,
Soy algo del humo, algo de la llama que perdura,
martes, 11 de agosto de 2009
LLEGAR, QUERIDA, LLEGAR

lunes, 10 de agosto de 2009
jueves, 6 de agosto de 2009
Leyendo Extensión Universitaria Nº 78

2.- Si es posible el poema, es posible la vida.
3.- Todo me da miedo y lo que no me da miedo no me interesa.
4.- Tener miedos, digo, es tener deseos.
5.- El ejemplo son esos grandes hombres que lucharon contra todo por una idea, por una manera de concebir la realidad. En principio se me aparecen Einstein, Freud, Rafael Alberti, Fidel Castro, en definitiva pienso en hombres que más allá de su grandeza han sabido sobrevivir muchos años, eso es todo, casi todo.
6.- Tengo que liberarme de todo control, también, el control de la poesía, el control del amor.
7.- Estoy barajando la posibilidad de crecer en dirección a la grandeza.No envejecer del todo pero tampoco quedarme joven del todo.
8.- Estoy convencido que el trabajo es el concepto central de mi vida. Lo que ambiciono no existe sino produciéndolo.
9.- Cada uno es un destino diferente al mío. En apenas unos años comienza para mí y para muchos otros nuestra tercera edad.
Para no ser unos viejos muertos, cada uno tiene que ser diferente a cada otro.
Cada uno tiene que ser diferente a cada otro, quiere decir un camino para cada uno, no hay un camino para dos.
Las medias naranjas tendrán sólo medio camino.
Habrá hijos y menores hasta una cierta edad, después cada uno tendrá que producir su propio camino.
Quiero que se entienda, siempre habrá hijos y habrá padres, pero cada uno por su propio camino.
10.- Quise que el mundo fuera para todos y entre todos casi rompen el mundo.
11.- Yo buscaba personas como yo y me perdí.
12.- Como nadie quiso pagar mi especialización (el capital simbólico, que se dice) me fui transformando en un trabajador común.
Estaba siempre ahí, pero de manera vulgar, hasta pensaba.
13.- El tiempo no es el viento que corre.
14.- El dinero no necesita ningún manejo. Después de cierta cantidad, es el dinero el que maneja.
15.- Estoy contento porque me he distanciado de los problemas y me sigo ocupando de ellos.
16.- Tengo que poder proyectarlo antes de realizarlo. Concepto de trabajo, muchacho. Concepto de trabajo.
miércoles, 5 de agosto de 2009
Insomnio de Fernando Pessoa

lunes, 3 de agosto de 2009
domingo, 2 de agosto de 2009
Poema de Fernando Pessoa, esperando el recital de Tom

Todas las cartas de amor son ridículas...*
Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.
También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.
Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.
Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.
Quién me diera el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.
La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.
(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).