lunes, 6 de abril de 2009

NO VES QUE VENGO DE UN PAIS, QUE ESTÁ DE OLVIDO SIEMPRE GRIS, TRAS EL ALCOHOL.

El nuevo "malestar en la cultura" es el resultado de la ficción de que todo padecimiento, angustia o dolor pueden ser resueltos con objetos. La reinvidicación del alcohólico, a acallar el malestar de esa forma aparece legitimada en una sociedad de corte netamente consumista. Todo parece esperarse del objeto, nada del sujeto, sujeto compelido a escoger, a reconocer objetos para su deseo, no su deseo.

Mas allá de las características que comparte con otras adicciones, el alcohólico tiene algunos elementos particulares, como una base melancólica y el predominio de la oralidad, en una equivalencia entre la bebida y el pecho materno como suministro incondicional e ideal, ligado al cese de la angustia y a la ilusión de completud. También se vincula la oralidad propia de esta adicción con la comida totémica, con el asesinato del padre. Del sentimiento inconsciente de culpabilidad por el incesto cometido, derivaría la recurrencia de la compulsión. La compulsión a beber como intento de llenar un vacío, en un intento que revitaliza la lógica de la necesidad.

El dolor psíquico intolerable exige en estos sujetos el intento de cancelación, el alcohólico es un niño angustiado por el abandono, una boca abierta nunca saciada.

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